sábado, 24 de janeiro de 2009
90 años por 2 días.
Advertencia: Las personas sensibles y con imaginación altemente gráfica, evitar leer.
No adelanté el tiempo con ninguna maquina, ni tampoco pedí un deseo equivocado en la maquina de Zoltar. Pero creo yo haber experimentado, vivido, dos días en el cuerpo de un hombre de 90 años (uno no muy saludable). El origen de tal salto cronológico fue un plato de comida mexicana con verduras asesinas. Todo esto en paralelo con una actividad que he decido realizar y de la cual no podré dar detalles por ser material de una futura historia debidamente documentada (funcione o no).
Si la memoria no me falla - dudo que me falle porque siempre he sido un pequeño contenedor de anécdotas, detalles, rostros, palabras, gestos, sonrisas, mentiras y lamentablemente de deudas - nunca me sentí tan débil y adolorido en mi saludable vida.
Para no ser específicos ni desagradables visité el pequeño cuarto las mismas veces que un adolescente visitaría paginas porno en Internet. Tuve sueños interrumpidos y accidentados que motivaron 2 cambios de sábanas y mucho desinfectante. Hice llamadas a los seres queridos para no sentirme olvidado, para sentirme querido, para olvidarme del dolor y del hedor. Beber un sorbo de agua me tomaba el mismo tiempo que le toma a un mozo en llenarles el vaso a 20 personas en mesas distintas (only in USA). Los brazos no me respondían, las piernas me ignoraban, mi abdomen gritaba y reclamaba, mis ojos no podian cerrarse, mi cabeza pensaba en todo lo que no debía pensar. Cada movimiento era una tortura, una proeza.
Hoy volví de mi viaje al futuro y a pesar que aun no vuelvo a mis 30 (32 si quieren datos exactos), ya me siento mejor si por ahí alguno se preocupó de mi salud (yo se que ustedes sí mamá y papá). Deseo no llegar a los 90 nuevamente, al menos no de esta forma, y sinceramente deseo que nadie pase por esto; miento, lo deseo. Sólo a una persona y peor.
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